Premios Abul Casin Benegas otorgado a Congelados Guerrero

El menor de un total de diez hermanos, nacido en 1943. De pequeño, creció encaramado en los barcos sardinales de su padre. 

Su primer trabajo oficial tuvo lugar cuando contaba con trece años en una imprenta de Calle del Mar. Lo vivía con muchísima ilusión. Ya no solo disfrutaba por el mero hecho de desarrollar una tarea remunerada sino que también le emocionaba al imprimir la cartelera del cine. De tanto ordenar los moldes de las letras, alcancé gran habilidad en la lectura al revés.

Con catorce años, su padre cayó enfermo y se vio obligado a dejar el colegio para embarcarse y navegar cerca de la costa marroquí. Nunca dejó su formación, aunque ganaba dinerillo, seguía estudiando cuando disponía de un rato libre. Así, con dieciocho años, obtuvo el título de mecánico naval de motores y el de radiotelefonista naval y con diecinueve ingresó en la Escuela Oficial de Náutica de Cádiz, donde se hizo Patrón de Pesca de Altura.

 

Después de cuatro años faenando en el banco sahariano, cerca de Mauritania, decide cambiar de rumbo y abandonar definitivamente la mar. Esa decisión tuvo lugar hace cuarenta y tres años estando aún enrolado, y habiendo ya sufrido, alguna que otra embestida del duro mar y asistido también, a ciertas calamidades. 

Se había estado preparando para trabajar en correos y presentado a unas pruebas para ingresar en el Banco Santander. Así pues, quedó como anécdota que la admisión para trabajar en la oficina bancaria le llegó el mismo día que dio apertura a la primera pescadería. Años más tarde, comenzó su andadura en solitario desde la pequeña pescadería de Saladero Viejo. Vendía muchísimo. Un inspector de hacienda, examinando los libros en lo alto de un congelador, le dijo: “¿cómo puede vender tanto usted en este cuchitril?”

También era porque se empleaba a fondo en el arte de la venta. 

Los golpes de mar de antaño, fueron cambiados por los golpes de carretera. De subasta en subasta, atendiendo los clientes, etc. Así durante cuarenta años. Porque para él, lo importante, era ganar tiempo al tiempo, no había horas, ni días suficientes. Las semanas las hacía de nueve días. 

En el 86, con la primera tienda especializada de congelados, venían gentes curiosas de todos los lugares. Después llegaron nuevas aperturas de tiendas propias. Hasta nueve, cinco en Vélez-Málaga y cuatro en Torre del Mar. 

Y algunas franquicias con la marca La Banquisa, en Cádiz, Cataluña o Madrid. Actualmente entran diariamente unas 1.500 personas en sus establecimientos. 

En el año 98, monta la fábrica de producción para atender la demanda mayorista y desde el 2.003, apuesta también por el negocio de los apartamentos turísticos, defendiendo las excelencias de Torre del Mar. Como anécdota, quiero resalta que un día del año sesenta y ocho, pudo observar de la mano de un Delegado de Pescanova en Vigo, un producto exótico en aquellos años, por su color y por provenir de caladeros de Chile y Argentina. Pensó que podía ser un buen sustitutivo del rape, por precio y porque presentaba mejor textura. Era la conocida “rosada”. Su amigo y cliente Manolo, propietario de la famosa “Cueva” lo reunió con su cocinero Cristino para hacer las pruebas pertinentes y les encantó, aquello fue todo un éxito. Hoy en día, desde su fábrica, elaboran diariamente una tonelada de filetes de tan reconocido producto en nuestra provincia malagueña, sólo para consumo propio de sus clientes. 

Su alma se alimenta con los logros del negocio, de la satisfacción que provoca el saber que lo que crece a tu alrededor es, gracias a haber acertado en las decisiones y que el aprendizaje acumulado permite hacer las cosas, cada vez mejor. 

En el año 2004 y tras ver su salud afectada, deja la regencia de la empresa que fundó en manos de dos de sus hijos, José Manuel y Miguel Ángel, que desde temprana edad han estado vinculados al negocio familiar, tomando decisiones junto a su padre. 

Hoy Congelados Guerrero es una de las principales suministradoras de alimentos congelados y frescos de la hostelería de la provincia de Málaga, aunque sus ramificaciones comerciales llegan a otras provincias contando con más de quinientas referencias de productos a la venta.

Extender la cultura empresarial por la mayor parte del territorio español mostrando los beneficios de consumir productos congelados es un sueño a realizar.

Se entregan a su trabajo con pasión, manteniendo la ilusión desde hace 40 años pasando de padres a hijos que, a lo largo de estas 4 décadas, trabajan en equipo, suman esfuerzos y multiplican logros. Cultivan la relación con sus clientes, su recomendación parte de su éxito.

Enhorabuena por una trayectoria empresarial inmejorable.